CUANDO EL SUFRIMIENTO NOS HACE DEJAR DE VER ALTERNATIVAS
Hablar de suicidio no es fácil.
Durante mucho tiempo, el silencio, el miedo y el estigma han dificultado que muchas personas puedan expresar lo que están viviendo y pedir ayuda. Sin embargo, hablar de suicidio de una manera responsable, respetuosa y basada en la evidencia forma parte de la prevención del suicidio.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que el suicidio es un fenómeno complejo en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos y ambientales. No existe una única causa ni una explicación sencilla. Por eso, prevenirlo requiere también una mirada amplia y una red de apoyo que permita detectar el sufrimiento, facilitar el acceso a la ayuda y acompañar a la persona de manera adecuada.
Y hay algo especialmente importante: una crisis suicida puede cambiar. Cuando una persona está atravesando un sufrimiento intenso, puede llegar a experimentar su situación como insoportable, permanente y sin salida. En esos momentos, la capacidad para imaginar alternativas puede quedar profundamente reducida. La prevención también consiste en ayudar a que esas alternativas vuelvan a aparecer.
CUANDO EL DOLOR OCUPA TODO EL ESPACIO
Desde la psicología cognitivo-conductual sabemos que la manera en que interpretamos una situación influye en nuestras emociones y en nuestra forma de actuar.
Esto no significa que una persona piense en suicidarse simplemente porque «piensa negativamente». Sería una explicación demasiado sencilla para una realidad mucho más compleja. Pero sí sabemos que, en situaciones de gran sufrimiento, pueden aparecer pensamientos caracterizados por la desesperanza, la sensación de atrapamiento y la percepción de que no existe ninguna solución posible:
- «Esto no va a cambiar.»
- «No puedo más.»
- «Soy una carga.»
- «No hay ninguna salida.»
- «No veo otra manera de que termine este sufrimiento.»
Cuando estas ideas se vuelven muy intensas, pueden ocupar prácticamente toda la atención de la persona. El futuro deja de percibirse como un espacio abierto y comienza a parecer cerrado. Por eso, una parte importante del trabajo terapéutico consiste en ampliar de nuevo el campo de visión. No se trata de decirle a alguien que piense en positivo. Tampoco de convencerle de que «todo irá bien». Se trata de poder explorar juntos qué está ocurriendo, qué mantiene el sufrimiento, qué recursos existen, qué apoyos están disponibles y qué pequeños pasos pueden hacer que la situación sea un poco más soportable.
A veces, cuando una persona no puede imaginar cómo resolver su vida, el objetivo inicial no es resolver su vida. Es ayudarla a atravesar este momento con seguridad.
LA DESESPERANZA NO ES UNA SENTENCIA
Uno de los aspectos que considero más importantes en la prevención del suicidio es comprender que la experiencia de desesperanza puede cambiar. Lo que una persona siente en el momento más intenso de una crisis no necesariamente representa cómo se sentirá mañana, la semana que viene o dentro de unos meses. La crisis puede estrechar la percepción de las posibilidades. La intervención busca abrirlas de nuevo.
En terapia podemos trabajar sobre diferentes elementos que pueden estar contribuyendo al sufrimiento: pensamientos y creencias, regulación emocional, resolución de problemas, conductas de aislamiento o evitación, acontecimientos vitales difíciles, relaciones interpersonales, consumo de sustancias, pérdida de reforzadores o dificultades para pedir y aceptar ayuda.
También podemos identificar aquello que todavía conecta a la persona con la vida: personas importantes, responsabilidades, valores, proyectos, recuerdos, vínculos, intereses o pequeñas experiencias que pueden convertirse en puntos de apoyo.
No se trata de buscar una única razón para vivir. Se trata de volver a construir una red de razones, apoyos y posibilidades.
PREGUNTAR POR EL SUICIDIO, NO PROVOCA EL SUICIDIO
Uno de los mitos que todavía encontramos es que hablar directamente sobre el suicidio puede «dar ideas» a la persona. La prevención necesita precisamente lo contrario: poder hablar de ello con serenidad y sin juicios.
Si alguien expresa que no puede más, que no encuentra sentido a su vida o que desearía no despertarse, podemos preguntar de manera clara y respetuosa:
«Cuando dices que no puedes más, ¿estás pensando en suicidarte?»
Preguntar no significa inducir una conducta suicida. Significa abrir un espacio para que la persona pueda explicar qué está viviendo y permitir que podamos valorar qué ayuda necesita. A veces, una pregunta directa puede ser el primer momento en mucho tiempo en el que alguien siente que puede hablar de lo que realmente le ocurre.
¿CÓMO PODEMOS AYUDAR SI ALGUIEN CERCANO ESTÁ SUFRIENDO?
No necesitamos ser profesionales de la salud mental para acompañar a alguien. Sí necesitamos saber que nuestra función no es solucionar el problema por nuestra cuenta. Podemos:
Escuchar sin juzgar: Dejar espacio para que la persona pueda hablar sin interrumpirla continuamente, discutir con ella o intentar convencerla rápidamente de que «todo tiene solución».
Tomarnos en serio lo que expresa: Aunque desde fuera podamos pensar que «tiene muchas cosas buenas», el sufrimiento de la persona es real y merece ser escuchado.
Preguntar directamente: Si existen señales de alarma o la persona expresa pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio, podemos preguntarlo de forma clara y tranquila.
Acompañar: Podemos ayudarla a contactar con un profesional, acompañarla a pedir ayuda o facilitar que no tenga que afrontar sola los momentos de mayor vulnerabilidad.
Conectar con una red de apoyo: La prevención no debería recaer sobre una única persona. Familia, amistades, profesionales sanitarios y otros recursos pueden formar parte de una red de protección.
LO QUE NO DEBEMOS HACER
- Decir «tienes que ser fuerte».
- Minimizar lo que siente.
- Comparar su sufrimiento con el de otras personas.
- Culpabilizarla o hacerla sentir responsable del dolor de quienes la rodean.
- Prometer que guardaremos el secreto si existe un riesgo importante.
- Intentar resolver la situación únicamente mediante argumentos racionales.
- La frase «tienes toda la vida por delante» puede parecer esperanzadora para quien la pronuncia, pero puede resultar muy alejada de la experiencia de quien en ese momento siente que no puede continuar.
A veces es mucho más útil decir: «No sé exactamente cómo ayudarte, pero quiero escucharte y buscar ayuda contigo.»
LA PREVENCIÓN NO CONSISTE ÚNICAMENTE EN ACTUAR DURANTE UNA CRISIS
Prevenir también significa intervenir antes de que el sufrimiento llegue a un punto de máxima intensidad. Significa aprender a reconocer señales de alarma, hablar de salud mental sin estigma, favorecer relaciones en las que las personas puedan pedir ayuda y facilitar el acceso a profesionales cuando aparecen dificultades importantes. También significa trabajar sobre factores que pueden aumentar la vulnerabilidad y fortalecer factores protectores.
La OMS señala que la prevención eficaz necesita combinar diferentes estrategias y sectores, y no limitarse exclusivamente a la atención sanitaria. En España, el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027 plantea precisamente un abordaje integral que incluye sensibilización, prevención en situaciones de vulnerabilidad, detección precoz, atención sanitaria, coordinación entre sectores y apoyo al entorno de las personas afectadas.
¿QUÉ PUEDE APORTAR LA PSICOLOGÍA COGNITIVO-CONDUCTUAL?
La terapia cognitivo-conductual puede ofrecer herramientas para trabajar algunos de los procesos psicológicos que mantienen o intensifican el sufrimiento. El objetivo no es simplemente «cambiar pensamientos negativos». Es ayudar a la persona a comprender qué está ocurriendo y desarrollar nuevas formas de responder.
Dependiendo de cada caso, el trabajo terapéutico puede incluir:
- identificar pensamientos asociados a desesperanza, culpa o atrapamiento;
- aprender a observar esos pensamientos sin asumir automáticamente que son hechos;
- desarrollar estrategias de regulación emocional;
- trabajar la resolución de problemas;
- recuperar actividades y vínculos significativos;
- reducir conductas de aislamiento o evitación;
- fortalecer habilidades para pedir y aceptar ayuda;
- identificar señales tempranas de una posible crisis;
- elaborar un plan de seguridad cuando sea necesario;
- trabajar los factores que han contribuido al sufrimiento y aquellos que pueden favorecer la recuperación.
Cuando una persona está sufriendo intensamente, puede llegar un momento en el que únicamente consiga ver una salida. La prevención consiste, en parte, en ayudarla a descubrir que todavía existen otras. Quizá no podamos solucionar aquello que está provocando el dolor. Quizá tampoco podamos saber cuándo desaparecerá. Pero sí podemos acompañar, escuchar, pedir ayuda y construir junto a la persona un camino para atravesar este momento. Porque una crisis puede cambiar. Porque el sufrimiento puede recibir tratamiento. Porque pedir ayuda abre posibilidades. Y porque recuperar alternativas también es recuperar esperanza.
La terapia no pretende ofrecer respuestas rápidas ni universales. Cada persona tiene una historia, unas circunstancias y unos recursos diferentes. Por eso, el acompañamiento psicológico debe adaptarse a sus necesidades y avanzar al ritmo que permita construir cambios seguros y sostenibles.
PREPARAR AYUDA ANTES DE NECESITARLA
Tal vez una de las ideas que más necesitamos cambiar es que pedir ayuda significa no poder. Pedir ayuda no es fracasar. No es ser débil. No es molestar. Y tampoco significa que una persona haya perdido para siempre su capacidad para afrontar las dificultades. Significa reconocer que, en determinados momentos, necesitamos que otras personas nos ayuden a recuperar aquello que ahora no podemos ver por nosotros mismos.
La prevención del suicidio no consiste en encontrar una frase mágica que haga desaparecer el sufrimiento. Consiste en crear condiciones para que una persona pueda sentirse escuchada, comprendida y acompañada; pueda acceder a ayuda profesional; pueda recuperar recursos y alternativas; y pueda atravesar una crisis sin tomar una decisión irreversible en uno de sus momentos más difíciles.
RECURSOS PARA SOLICITAR AYUDA SI ESTÁS PREOCUPADA POR TI O POR ALGUIEN CERCANO
En Catalunya:
El 061 Salut Respon dispone de atención especializada en salud mental las 24 horas, los 365 días del año, tanto para personas con conducta o ideación suicida como para familiares y personas cercanas.
Canal Salut - Suicidio y conducta suicida
Obro Feel · WhatsApp 680 354 155: Servicio de apoyo emocional dirigido especialmente a adolescentes y jóvenes, disponible las 24 horas. Permite contactar por WhatsApp con una persona formada en escucha empática y gestión emocional.
Centro de Atención Primaria (CAP): Cuando existe sufrimiento emocional, pensamientos suicidas o preocupación por alguien cercano, también se puede acudir al CAP para solicitar valoración y orientación profesional.
Urgencias del Hospital. Ante una situación de riesgo vital.
En España:
El 024 ofrece atención gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, los 365 días del año, tanto para personas con pensamientos o riesgo de conducta suicida como para familiares y allegados. El servicio también dispone de chat.
Ante una emergencia vital inmediata, debe contactarse con el 112.
UNA CONVERSACIÓN PUEDE SER EL COMIENZO DE LA AYUDA
No siempre podemos solucionar el problema de una persona. Pero sí podemos acercarnos, escuchar, preguntar y acompañar hasta encontrar ayuda.
A veces la prevención comienza con una conversación. Con una pregunta. Con alguien que decide no mirar hacia otro lado. Y con la posibilidad de descubrir que, aunque en un momento determinado no podamos ver una salida, eso no significa que no exista.
La prevención también consiste en ampliar las alternativas. En recuperar recursos. En pedir ayuda. En acompañar. Y en recordar que una persona no tiene que afrontar su sufrimiento en soledad.
Pedir ayuda no es rendirse.
Pedir ayuda es abrir una posibilidad.
10 DE SEPTIEMBRE · DÍA MUNDIAL PARA LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO
Hablar de suicidio significa hablar de un tema delicado. Pero hablar de prevención del suicidio también significa hablar de avances, de recursos y de posibilidades.
Este año, el lema internacional es «Cambiar la narrativa sobre el suicidio»: pasar del silencio y el estigma a conversaciones abiertas, empáticas y orientadas a la ayuda.
Y podemos empezar con algunos datos que invitan a la esperanza:
En España, en 2025 se registraron provisionalmente 3.808 fallecimientos por suicidio, un 3,7 % menos que en 2024. Es el segundo año consecutivo de descenso: en 2023 fueron 4.116 y en 2024, 3.953.
En Catalunya, en 2024 se registraron 547 fallecimientos, frente a los 631 de 2023. Esto supone un descenso del 13,3 % en un año.
Además, España presenta una tasa de suicidio de aproximadamente 8 fallecimientos por cada 100.000 habitantes, por debajo de la media de los países de la OCDE, situada en 10,7.
Estos datos no significan que el problema esté resuelto. Cada muerte por suicidio sigue siendo una pérdida irreparable y una razón para continuar trabajando en prevención. Pero sí nos dicen algo importante: la prevención puede funcionar.
Y España y Catalunya están desarrollando cada vez más recursos para detectar antes el sufrimiento, facilitar el acceso a la ayuda y acompañar a las personas en situaciones de crisis.

