BULLYING, UNA RESPONSABILIDAD DE TODA LA COMUNIDAD

¿QUÉ ES EL BULLYING?


La UNESCO plantea el bullying(o acoso escolar) como un proceso social dañino caracterizado por un desequilibrio de poder y que suele implicar conductas interpersonales no deseadas que pueden causar daño físico, social y emocional. Estas conductas pueden adoptar diferentes formas, como la violencia física, psicológica, sexual o relacional. Tradicionalmente, además, se ha considerado la repetición de la conducta como uno de los elementos característicos del bullying.


Por tanto, aunque tradicionalmente se ha definido a partir de la repetición de la conducta y el desequilibrio de poder, actualmente se propone entender el bullying de una manera más amplia, teniendo también en cuenta el contexto social e institucional en el que se produce. Además, la expansión de los entornos digitales ha ampliado los espacios en los que se pueden producir conductas de acoso (esto es el ciberacoso) por lo que el maltrato se puede prolongar con mayor facilidad más allá del horario escolar y ampliar potencialmente la audiencia del mismo.


No todo conflicto es bullying. Un conflicto entre dos personas con posiciones relativamente equilibradas no es necesariamente bullying. En un conflicto puede existir malestar, enfado o incluso una conducta agresiva puntual, pero no necesariamente existe el patrón de dominación y desequilibrio de poder propio del acoso. Esto es importante porque no todos los conflictos se abordan mediante las mismas herramientas. Por ejemplo, la mediación no debería utilizarse automáticamente cuando existe una situación de acoso y un claro desequilibrio de poder. Primero debemos garantizar la protección del que está siendo acosado y aplicar el protocolo correspondiente.


El bullying no ocurre únicamente porque una persona agrede y otra recibe la agresión. El bullying no debe entenderse como algo que ocurre de manera aislada, sino dentro de un contexto social e institucional. Por lo tanto tenemos que tener en cuenta al grupo, ya que puede:


  • reforzar
  • reír
  • grabar
  • compartir
  • guardar silencio
  • excluir
  • defender
  • pedir ayuda
  • romper la dinámica. 


El papel del grupo es, por tanto, fundamental: puede contribuir a mantener el acoso, pero también puede ayudar a detenerlo. Por este motivo, la UNESCO propone aproximarse a esta cuestión con una mirada que incluya al conjunto de la comunidad.




¿QUÉ CONSECUENCIAS PUEDE TENER?


La victimización por bullying se asocia a un mayor riesgo de problemas de salud mental como ansiedad, depresión, autolesiones, ideación suicida y también puede relacionarse con dificultades académicas y sociales. Por todo ello, el bullying constituye también un problema de salud pública.


Como adultos implicados en la formación y educación del alumnado, no podemos negar nuestra responsabilidad en el tema del acoso escolar, ni mirar hacia otro lado. Cualquiera de nosotros (familia, profesor, pediatra, educador, vecino…) puede ser testigo de una situación de este tipo, tener un hijo/a al que sus compañeros están haciendo la vida imposible, o tener un hijo o hija que está ejerciendo conductas de acoso hacia otro niño o niña.


El acoso puede tener lugar en la escuela, en el camino de la escuela a casa o fuera del ámbito escolar (en el barrio, en las zonas de recreo o juegos...). Por lo tanto, entre todos tenemos la obligación ética y moral de poner remedio a esta situación para ayudar a niños, niñas y adolescentes a desarrollar relaciones basadas en el respeto, la responsabilidad y el cuidado de las demás personas. No olvidemos que las experiencias de la infancia y la adolescencia pueden influir en el bienestar emocional, las relaciones y la salud mental a lo largo de la vida.




LA FAMILIA


La familia también desempeña un papel importante. Escuchar sin juzgar, validar lo que siente el niño o adolescente, recoger información, evitar culpabilizarle y buscar ayuda en el centro educativo son pasos fundamentales. Cuando aparecen síntomas de ansiedad, tristeza, aislamiento, alteraciones del sueño, rechazo escolar, autolesiones o cualquier señal de deterioro emocional, puede ser necesario valorar también apoyo psicológico especializado.




¿QUÉ NO DEBERÍAMOS HACER?


  • No decir a quien sufre bullying que simplemente "ignore" lo que está ocurriendo.
  • No responsabilizarle de la situación.
  • No pedirle que se enfrente directamente a quien le está acosando.
  • No minimizar lo sucedido con frases como "son cosas de niños".
  • No intervenir impulsivamente sin coordinarse con el centro educativo.
  • No plantear automáticamente una mediación cuando existe un desequilibrio de poder.




¿CUÁNDO PEDIR AYUDA PROFESIONAL?


Si el acoso está provocando un deterioro significativo del estado de ánimo, ansiedad intensa, aislamiento, rechazo escolar, alteraciones del sueño o la alimentación, autolesiones, pensamientos relacionados con la muerte o dificultades importantes para recuperar la seguridad y el bienestar, es recomendable valorar apoyo psicológico especializado. Pedir ayuda no significa que el niño, niña o adolescente sea incapaz de afrontar la situación, sino ofrecerle acompañamiento cuando el impacto emocional lo requiere.




IMPLANTAR SOLUCIONES A TIEMPO


Como sociedad, en el acoso escolar todos tenemos una gran responsabilidad de intervención, tanto con el alumnado que sufre acoso como con quienes ejercen conductas de acoso y con el resto del grupo. Familias, educadores y personal en general de los centros educativos, formamos parte del entorno directo de los chicos y, por eso, tenemos que tomar cartas en el asunto y hacer frente al problema.


La Ley 12/2009 establece obligaciones relacionadas con la convivencia y la prevención y resolución pacífica de conflictos. El artículo 30 establece, entre otras cosas, que los centros deben establecer medidas de promoción de la convivencia y mecanismos de mediación. Actualmente, además, Catalunya dispone de protocolos específicos de actuación ante cualquier tipo de violencia en el ámbito educativo, actualizados en 2024.


Es hora de intervenir mediante la creación de programas y proyectos adecuados a la idiosincrasia de cada centro para dar respuesta a este problema, desde una perspectiva participativa, respetuosa con la diversidad y cooperativa e involucrando en ellos a todo el entorno de los pequeños.


Estos programas deben tener en cuenta el respeto a la diversidad de origen étnico o cultural, género, orientación sexual, identidad de género, diversidad funcional, religión, situación socioeconómica u otras características personales y luchar contra la discriminación. Deben fomentar en los alumnos la solidaridad y el compromiso con el bienestar y la dignidad de todas las personas, incluidas aquellas que puedan encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad.


En el ámbito escolar es necesario crear la confianza necesaria entre los alumnos y los docentes para que cualquier síntoma de acoso pueda ser detectado y atajado rápidamente. Es necesario desarrollar programas preventivos y de intervención ante situaciones de acoso, violencia y conflictos en los centros educativos. Los objetivos de estos programas deben incluir la prevención y disminución de los casos de acoso escolar, la mejora del clima escolar, el aprendizaje de estrategias de resolución de conflictos de forma positiva y no violenta, el desarrollo de conductas prosociales, la capacidad para pedir ayuda e intervenir de forma segura como persona observadora y el fortalecimiento de la participación y los vínculos de las familias con el centro.


No sabemos si existen soluciones únicas y definitivas, pero la investigación indica que los programas de prevención e intervención pueden reducir las conductas de acoso y mejorar determinados indicadores de convivencia y bienestar, aunque sus resultados dependen de la calidad de la implementación y del contexto de cada centro. Entre las distintas estrategias y programas desarrollados en diferentes contextos encontramos, por ejemplo “Tutoría Entre Iguales”, “Alumnos Ayudantes”, “Programa Kiva”, “Programa Zero”, o el “Programa AVE”. La evidencia muestra que su eficacia depende, entre otros factores, de una adecuada implementación y adaptación al contexto de cada centro.


El objetivo de estas estrategias no es únicamente enseñar a resolver conflictos, sino desarrollar en el alumnado las habilidades necesarias para relacionarse de forma respetuosa, reconocer situaciones de violencia o acoso, pedir ayuda y actuar de manera segura ante ellas. El objetivo no es enseñar a quien sufre acoso a soportarlo mejor, sino ayudar a toda la comunidad educativa a reconocerlo, prevenirlo y detenerlo. Para ello necesitamos alumnado que sepa pedir ayuda, personas observadoras capaces de actuar de forma segura y adulta/os que sepan intervenir de manera coordinada, firme y respetuosa. Todas las personas implicadas pueden trabajar aspectos como la empatía y las conductas prosociales, el pensamiento crítico, la comunicación asertiva, la resolución de problemas, la toma de decisiones, la regulación emocional, la capacidad para pedir ayuda, la responsabilidad y la reparación del daño o las habilidades socioemocionales.

Mujer sonriendo en una calle soleada con el texto “Seis hábitos para cultivar la felicidad”

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