LA MEMORIA ES UNA CONSTRUCIÓN...
Durante mucho tiempo se atribuyó a la memoria la condición de ser una especie de archivo en el que almacenábamos fielmente todo lo vivido y al que acudíamos cuando necesitábamos recuperar información sobre nuestro pasado. Ahora, la investigación psicológica ha demostrado que recordar no es abrir un cajón donde los recuerdos permanecen intactos, sino que es reconstruir esos recuerdos cada vez que los evocamos. Y reconstruimos nuestra realidad a base de experiencias personales, pero también de experiencias colectivas.
No podemos recordar nada que sea asocial, porque ninguna experiencia puede situarse al margen de los fenómenos que tienen significado dentro de una cultura, en una sociedad y en un momento de la historia. Por otro lado, ninguna experiencia puede comprenderse si no hacemos uso de los instrumentos que nos facilita nuestra sociedad para hacer inteligibles nuestras experiencias, nuestros sentimientos o nuestras percepciones. El lenguaje y la comunicación son los elementos constitutivos de la memoria que nos permiten hacernos comprensibles para los demás. Si queremos explicar un episodio de nuestro pasado a otra persona, lo haremos de formas diferentes y utilizando un lenguaje diferente dependiendo de quien sea nuestro interlocutor en cada momento: un amigo, un desconocido, un profesor, nuestro abuelo, un médico, etc.
Si la memoria surge en un contexto socio histórico concreto, entonces también evoluciona por medio de este, es decir, influenciada por los conocimientos existentes en aquel momento determinado, la cultura, la racionalidad vigente en una sociedad, las suposiciones, las deducciones lógicas, las experiencias, los sentimientos, etc. Percibir, imaginar o recordar implica un proceso activo, aunque sea inconsciente. Aquello que recordamos es el resultado de las tendencias e intereses a los cuales la sociedad ha dotado de algún valor. Este proceso activo en recordar hace que nuestra memoria no sea meramente un "reproducir el pasado", sino reconstruirlo, ayudándonos de los datos de que disponemos en el presente.
Tal vez con un ejemplo cotidiano se pueda entender mejor esta idea: Imagina dos hermanos que, en medio de una reunión familiar, están recordando su infancia. Los dos estuvieron allí, los dos vivieron los mismos acontecimientos, pero, sin embargo, veinte años después cuentan dos historias muy diferentes. ¿Por qué ocurre esto? Precisamente porque cada uno reconstruye esos hechos desde:
- Su personalidad
- Su posición en la familia
- Sus emociones
- Las experiencias posteriores
- El significado que hoy les atribuye
... Y TAMBIÉN ES UN SÍMBOLO
La memoria es, por tanto, una función simbólica, es decir, la posibilidad de compartir significados con otros y de construir comunicativamente el pasado (mediante el lenguaje). Es la sociedad quien nos suministra los elementos necesarios para reconstruir el pasado. Recordar quiere decir mantener relaciones con otras personas, es decir la memoria es un proceso colectivo que da al grupo la oportunidad de consolidar su propia identidad. Tal como afirmaba Maurice Halbwachs el lenguaje, la cultura y los grupos sociales construyen la memoria colectiva, por lo tanto, no recordamos solos, sino que recordamos desde marcos sociales.
Finalmente, nuestra memoria es dinámica, está en constante reconstrucción: nuestros recuerdos cambian dependiendo de nuestra sucesiva pertenencia a diferentes grupos sociales, a la experiencia que vamos adquiriendo a lo largo de los años, a las normas, costumbres y valores existentes en cada momento, etc.
Cada vez que hacemos memoria, lo que estamos haciendo es interpretando y resignificando el pasado, o dicho de otra manera, el pasado cambia en función del presente, de sus valores, normas, creencias, ideologías e imaginarios, que favorecen o dificultan la construcción de la memoria. Lo que conseguimos es juzgar este pasado y adaptarlo a las circunstancias en las cuales estamos recordando. Esto es así porque cuando un hecho tubo lugar en el pasado, era un mero conjunto de acontecimientos y situaciones que sólo tomarán sentido con el paso del tiempo, cuando lo reinterpretemos con un mayor lujo de detalles y conociendo los hechos que han tenido lugar posteriormente. De esta manera podríamos afirmar que el futuro transforma el pasado.
La memoria es un proceso variable y argumentativo y esto quiere decir que con nuestro discurso sobre el pasado defendemos o desmantelamos los criterios de idoneidad de los recuerdos, dependiendo del contexto social en el cual queremos comunicarlos. Es muy importante la manera cómo nos expresamos, ya que esta dará o no credibilidad y veracidad a nuestra interpretación del pasado y, además, puede originar conflictos que propicien la aparición de otras interpretaciones diferentes.
Las emociones actúan modificando aquello que recordamos, de hecho, las experiencias con mayor cargar emocional son las que mejor recordamos y más accesibles tenemos. De la misma manera, los recuerdos cambian cuando cambian nuestras emociones, porque los resignificamos desde el presente.
Los últimos estudios de neuropsicología afirman que cada evocación vuelve a consolidar el recuerdo, lo vuelve inestable momentáneamente, le incorpora nueva información y lo almacena sutilmente modificado. Es lo que se conoce como reconsolidación de la memoria.
LA MEMORIA TAMBIÉN CONSTRUYE LA IDENTIDAD
Recordar nos ayuda a responder a la pregunta "¿quién soy?". La memoria no solo organiza mi pasado sino que organiza quién soy, mediante una especie de hilo conductor entre la persona que fui, la persona que soy y la persona que quiero llegar a ser. Ese hilo conductor es la memoria autobiográfica.
No recuerdo el pasado tal como ocurrió. Recuerdo el significado que ese pasado tiene para la persona que soy hoy, además de que, cada experiencia, cada aprendizaje, cada relación, cada crisis personal reinterpreta mis recuerdos. Por esto la memoria reconstruye mi identidad, cada vez que recuerdo estoy reinterpretando. Tal como afirma Jerome Bruner, "Nos convertimos en las narraciones que contamos sobre nosotros mismos".
A modo de resumen:
- No recordamos para conocer el pasado, sino para reconstruir una versión de nosotros mismos aquí y ahora.
- Recordamos menos lo que ocurrió que lo que necesitamos comprender sobre lo que ocurrió para ser quienes somos.
LA MEMORIA Y LAS CELEBRACIONES
La memoria nunca es neutral. Las sociedades deciden qué debe ser recordado y que no. Podemos hablar de
- Memorias oficiales
- Memorias familiares
- Memorias silenciadas
- Memorias reivindicadas
- Memorias de las víctimas
- Memorias de los vencedores
- ...
Todas estas memorias conviven y, en ocasiones entran en conflicto, porque recordar también significa posicionarse. Y esas memorias dignas de se preservadas encuentran su expresión en:
- Monumentos
- Museos
- Memoria histórica
- Días conmemorativos
- Rituales colectivos
- Relatos nacionales
- Políticas de memoria
- etc.
Las conmemoraciones se convierten en uno de los recursos más importantes de la institucionalización de la memoria y tienen como objetivo final, el establecimiento de un nexo entre el presente y el pasado, que además nos dice qué tenemos que recordar concretamente y le da una orientación al futuro. El hecho de institucionalizar la memoria de esta manera, asegura la continuidad e intenta preservar hechos y experiencias pasadas con el fin de legitimar la situación actual.
No obstante, las nuevas generaciones formulan nuevas preguntas y, con ellas, aparecen nuevas maneras de recordar. Lo que antes permaneció oculto, ahora puede adquirir relevancia, mientras que otros relatos que hasta ahora eran incuestionables, se someten a revisión. Se esta manera, las personas dialogamos continuamente con nuestro pasado otorgándole voz y sentido.
En definitiva, la memoria no es simplemente un almacén de acontecimientos ocurridos, sino una herramienta con la que las sociedades construyen su identidad y se proyectan hacia el futuro.

