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Ya puedes escuchar mi podcast sobre la percepción y el malestar emocional en "La Caja Psicológica", una comunidad de difusión sobre temas relacionados con la psicología, el bienestar y la educación.


Puedes escucharlo en: https://www.ivoox.com/percepcion-malestar-emocional-audios-mp3_rf_83744179_1.html


Pero si prefieres leerlo, aquí tienes el texto entero:




¿Qué es la percepción?


Podríamos definir la percepción como la capacidad para captar, procesar y dar coherencia a la información que llega al cerebro a través de los sentidos. Por lo tanto, es un proceso cognitivo que me permite interpretar mi entorno y explicarme a mi mismo el mundo que me rodea.


La información que selecciono en cada momento tiene que ver con mis intereses concretos. La manera como interpreto esa información está, a su vez, condicionada por mis experiencias previas, mi entorno sociocultural, expectativas, valores, opiniones, creencias, necesidades, deseos, motivaciones, juicios, prejuicios, etc.


Así que, no soy un simple receptor pasivo de información, sino que busco de manera activa la que, en cada momento, creo que puede ser relevante para mi. Por eso se dice que “no vemos las cosas como son, sino como somos”.


La percepción tiene tres características: es subjetiva, es selectiva y es temporal. Esto quiere decir que:


- Cada persona tiene su propia percepción.

- Que es imposible seleccionar todos los inputs que recibimos, sino que seleccionamos los que nos convienen a cada instante.

- Y que varía según las necesidades y motivaciones de cada momento vital.



A nivel patológico existen diversos trastornos de la percepción. Algunos como las distorsiones perceptivas, las ilusiones o las alucinaciones.






¿Qué función tiene la percepción?


La función de la percepción es la de permitir la adaptación a las condiciones del entorno y, por ende, la supervivencia de la especie. La mente humana se desarrolló para estar preparada para identificar las situaciones amenazantes, para estar alerta, lo contrario podía suponer un peligro real para la supervivencia. Por eso es más sencillo poner mayor atención a lo negativo que a lo positivo. Mediante la percepción seleccionamos los estímulos que son de interés, discriminándolos de otros que no lo sean en cada momento. Por ejemplo, discriminaremos como importante y necesario el sonido de una alarma del sistema contra incendios, del resto de los sonidos que haya a nuestro alrededor.


No hay ninguna duda de que las personas ejercemos una gran influencia sobre nuestra percepción y que de esa intervención se derivan todo tipo de consecuencias (… algunas no tan positivas). Por ejemplo: en ocasiones no soy capaz de reconocer mis propios errores, no me juzgo con objetividad sino de forma sesgada.




Percepción y respuesta emocional


Existe una relación directa entre la percepción de la realidad y la respuesta emocional.


En la vida diaria me encuentro ante situaciones que me pueden hacer sentir enfadado, triste, tenso, disgustado, acelerado, decepcionado, impotente... A veces ocurre, que no soy capaz de aceptar que lo que está pasando, deseo que sea de una forma diferente. Otras veces, mi percepción me hace ver una cosa, pero me impide ver otra que también puede ser cierta o válida. En otras ocasiones lo que ocurre es que quiero encontrar una solución inmediata.


Pero, lo cierto es que las situaciones de la vida son neutras. Es mi interpretación de ellas, lo que les concede una connotación positiva, negativa o neutra. Algunas de mis preocupaciones y tensiones más importantes del día a día se deben a la forma como percibo y reacciono a hechos sin demasiada trascendencia. A veces, se trata de cosas sin demasiada importancia, pero pueden hacer que pierda el control, la estabilidad y la calma.


La forma como yo interpreto la realidad, como la juzgo, me hace reaccionar de una determinada forma. Esta reacción crea unos hábitos (o patrones de comportamiento) habituales. Es decir, ante una determinada circunstancia, mi tendencia será a reaccionar, pensar, sentir y actuar de la misma manera. El cerebro tiende a economizar energía y por eso estos modelos mentales son bastantes estables y acabaran fijando la manera como yo percibo la realidad, convirtiendo este proceso en un auténtico “círculo vicioso”.


Pero, puedo romper este ciclo reactivo: Tan sólo es necesario hacer una pausa, respirar profundamente y darme cuenta de que la realidad no tiene por qué ser tan agria como yo la estoy percibiendo, que quizás tengo otras opciones, otras alternativas y reflexionar sobre lo que está ocurriendo de forma objetiva. Se trata, pues, de poner en duda mi propia visión y tomar perspectiva para reconocer las múltiples visiones que existen de la misma realidad. Desde este estado más consciente y sereno, podré responder de manera más sana, más amable conmigo misma y más adaptativamente y, en definitiva, cambiar la forma como percibo la realidad que me rodea.


Ahora puedes preguntarte a ti mismo:


¿Eres capaz de ver todas las posibilidades?


¿Puedes responder en vez de reaccionar?


¿Cómo cambiaría tu vida si tuvieras más posibilidades?




¿Cómo puedo mejorar la percepción?


Estos son algunos consejos para que puedas darte cuenta de lo que si está en tu mano hacer para sentirte mejor:


- Aprende a regular tus emociones: Las emociones son la forma como respondemos a todo lo que nos rodea, por lo tanto, la gestión de las emociones es un factor primordial para modular nuestras respuestas.


- Practica el entrenamiento cognitivo. Siempre de la mano de un profesional que te guíe en este entrenamiento con ejercicios adecuados. Si ejercitas adecuadamente la percepción, las conexiones cerebrales implicadas en esta capacidad se fortalecen. Es lo que llamamos plasticidad cerebral.


- Practica la meditación: Esto te ayudará a entrenar la capacidad de la atención, e permitirá observar los movimientos de la mente y darte cuenta de tus juicios y prejuicios y de cómo todo esto está influyendo en la manera como percibes tu entorno.


- Cuídate mejor: Tanto a nivel físico como mental y emocional. Practica ejercicio, aliméntate de forma sana, duerme bien, practica actividades que te gusten, comparte tiempo de calidad con las personas que quieres, ¡desinfoxícate!.


- Vive más pausadamente: Vivimos en un mundo muy rápido, muy inmediato, así que aminorar la velocidad, reducir una marcha siempre que puedas, te va a permitir gestionar mejor tu malestar emocional.

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