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¿Qué es comunicación?

Una de las múltiples definiciones que podríamos hacer sobre el término comunicación podría ser que se refiere al intercambio de sentimientos, opiniones o cualquier otro tipo de información mediante el habla, la escritura u otros tipos de señales.

Para que la comunicación sea posible es necesario la intervención de algunos elementos:

  • El EMISOR: la persona que emite el mensaje
  • El RECEPTOR: la persona que recibe el mensaje
  • El MENSAJE: aquello que se desea comunicar
  • El CANAL: el medio por el cual se transmite el mensaje (el aire, un teléfono, una carta...)
  • El CÓDIGO: es el sistema de señales o signos que usamos para transmitir el mensaje (inglés, morse, lengua de signos…)

Durante la comunicación pueden producirse interferencias (lo que se conoce como “ruido”) que dificulte la transmisión del mensaje y su correcta recepción, por ejemplo, que se interrumpa una conexión telefónica, que mientras estamos hablando con una persona aparezca un ruido que impida al receptor escuchar lo que está diciendo el emisor, o que la carta nunca llegue a su destinatario...

Además de la comunicación verbal (la que tiene lugar mediante el lenguaje), existe la comunicación no verbal, que se refiere a la transmisión de un mensaje sin utilizar palabras, es decir, mediante signos, posturas, gestos, etc.

Gracias a la comunicación, logramos transmitir aquello que necesitamos, queremos, sentimos, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, nuestras esperanzas o inquietudes etc. Pero cuando utilizamos el lenguaje de una forma coactiva, o manipulativa (por ejemplo, mediante amenazas, insultos, desprestigiando al otro…) para comunicarnos, puede surgir un conflicto entre las personas que están participando en esa conversación, que, con toda seguridad, conseguirá que la comunicación no sea efectiva. Esto sería un modo violento de comunicación que se aleja de clarificar las posiciones de cada uno de los participantes y que intenta imponer un determinado punto vista sobre el de los otros.

Otra manera de comunicarnos

Existe una manera de comunicar que nos permite resolver nuestras diferencias sin tener que recorrer a la violencia. Esta forma no violenta de comunicación se sostiene en dos grandes principios: El primero es no emitir juicios sobre ninguna situación, sino ser objetivo y preciso en el mensaje, eliminando posibles críticas que puedan alimentar una reacción a la defensiva por parte del receptor. El segundo principio es no emitir juicios sobre la otra persona, intentando comunicarnos desde el corazón, desde los sentimientos y las emociones, en lugar de hacerlo exclusivamente desde el pensamiento y empatizando con las emociones y sentimientos de la otra persona. Esta sería una forma de comunicación compasiva y asertiva.

Para comunicarnos de forma no violenta es necesario, no solo saber expresar los hechos de forma objetiva y sin emitir juicios, sino también saber expresar qué sentimientos han provocado en nosotros esos hechos y cuáles son nuestras necesidades al respecto, evitando proyectar esos sentimientos y emociones hacia la otra persona. Para ello es aconsejable escoger muy bien el lenguaje que vamos a emplear, limitando todas aquellas palabras que puedan romper una cierta armonía con nuestro interlocutor.

También es importante escoger adecuadamente el momento y el lugar para favorecer una comunicación fluida, cómoda y pacífica. En este sentido, decir las cosas “en caliente” no va a resultar la mejor de las opciones porque podemos llegar a decir cosas sin pensar demasiado y descolocar así a la otra persona que, sin duda, puede ponerse a la defensiva. Tampoco es muy buena idea comentar según que temas delante de otras personas que no estén directamente implicadas en el asunto, porque pueden incomodar a la otra parte (es mejor “lavar los trapos sucios en casa”).

Algunos consejos para ejercer la comunicación no violenta:

  • Pedir en lugar de exigir. De esta manera, mostramos respeto hacia la otra persona.
  • Preguntar en lugar de acusar. De esta forma conocemos el punto de vista del interlocutor, le damos la oportunidad de explicarse sin necesidad de ponerse a la defensiva.
  • Describir en lugar de interpretar y evitar comparar con otras personas, lugares, casos o situaciones, porque ello puede acumular una mayor tensión.
  • Hablar desde el “yo” en lugar de hacerlo desde el “tu”, porque el “tu” suele ser acusador.
  • Evitar los absolutos, como por ejemplo siempre, nunca, todo, nada. También es aconsejable evitar los frases del tipo “deberías…”, “tendrías que…” ya que nacen del “tu”.
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