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El conflicto

Conflicto es toda situación de interdependencia o interacción entre dos partes, que tienen potencial para inferir la una en la otra y en la que existe, al menos por parte de una de ellas, una percepción de oposición o incompatibilidad entre objetivos o intereses.

Históricamente se ha considerado el conflicto como algo negativo y se ha asociado con violencia, destrucción, irracionalidad, etc. En los años 30-40, desde la psicología, se llevaron a cabo diferentes estudios encaminados a eliminar el conflicto, por su carácter negativo.

Posteriormente se pretendió identificar a las "personas conflictivas", en un intento de relacionar diferencias individuales (rasgos) con conflicto, para asumir el "ideal aconflictivo" en la sociedad, donde se premia la armonía que no altere el statu quo reinante. Pero el conflicto es propio de la condición humana y ha existido siempre en la interacción entre las personas. Entendido de forma positiva, nos ayuda a cambiar situaciones no deseadas y, de esta forma, a enriquecernos y avanzar. Es más, el conflicto es necesario para la evolución, lo contrario sería el inmovilismo, el conformismo. En la actualidad se considera el conflicto como algo inevitable y no necesariamente negativo, ya que, al estimular el interés por el otro, puede suponer el origen del cambio personal y social. Es por ello que actualmente se habla de gestión de conflictos más que de resolución de conflictos.

La pareja

La pareja, entendida como una pequeña sociedad entre dos individuos que la crean, no está exenta de conflictos. En el día a día de esa sociedad, se puede llegar a producir una relación asimétrica respecto a la posición de poder que cada miembro ocupa en esta pareja, unida a la posición social o al rol desempeñado por cada uno. Este desequilibrio de poder puede desencadenar en una relación de dependencia emocional, de dominancia o sumisión y, en las situaciones más graves, en una situación de violencia. No podemos obviar tampoco que el ciclo vital de las familiar comporta, en si mismo, cambios que pueden llevar al conflicto (la llegada de los hijos, el nido vacío, etc.).

En mi opinión, es el diálogo fluido, respetuoso y sincero es el que proporcionará las bases para afrontar los conflictos y llegar a los acuerdos que sean pertinentes, para poder seguir avanzando hacia una forma de convivir más cómoda, útil, enriquecedora y confortable.

Ante un conflicto de pareja, mis consejos son:

-Ponerse en el lugar del otro, lo que llamamos empatizar. Escuchar atentamente al otro y entender realmente que nos está diciendo o pidiendo.

-No deducir las intenciones y/o deseos del otro, sino preguntarle por ellas directamente para que no se generen malos entendidos.

-No culpabilizar al otro de los problemas o conflictos que existen entre la pareja, sino intentar descubrir qué parte es culpa de uno mismo y qué puede hacer uno para cambiar el estado de las cosas. Esto sería tomar la responsabilidad de nuestros actos en la relación.

-Discutir las percepciones de cada uno y las posibles soluciones. En ocasiones, puede resultar bueno realizar una tormenta de ideas para hallar la solución que más se ajuste a los intereses de ambos.

En caso de que la pareja no consiga llegar a ningún acuerdo satisfactorio par ambos, mi consejo es que acudan a un mediador o mediadora para que les ayude en este menester. A veces, las posiciones se encallan y es necesario un "empujoncito" para seguir adelante.

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