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Esta fecha no es casual: se conmemora el nacimiento de Mahatama Gandhi, uno de los más grandes defensores de la filosofía de la no violencia.

El conflicto: una perspectiva histórica

Históricamente se ha considerado el conflicto como algo negativo y se ha asociado con violencia, destrucción, irracionalidad, etc. En los años 30-40, tanto desde la psicología social como desde la psicología organizacional, se llevan a cabo diferentes estudios encaminados a eliminar el conflicto, por su carácter negativo. Posteriormente se pretende identificar a las “personas conflictivas”, en un intento de relacionar las diferencias individuales (rasgos) con la conflictividad, para asumir el “ideal aconflictivo” en la sociedad, donde se premia la armonía que no altere el statu quo reinante.

En la actualidad se considera el conflicto como algo propio de la condición humana, que ha existido siempre en la interacción con los demás. Por lo tanto, el conflicto es algo inevitable y no necesariamente negativo, ya que, al estimular el interés por el otro, puede ser el origen de un cambio personal y social efectivo. Es por ello, también, que ahora hablamos de gestión de conflictos más que de resolución de conflictos. Lo contrario al conflicto no sería, pues, el pacifismo sino el inmovilismo, el conformismo o la sumisión.

Hoy mismo podemos observar a nuestro alrededor miles de conflictos que atañen a personas o instituciones de todo el mundo: entre trabajadores y empresarios, entre las diferentes fuerzas políticas de un país, entre religiones, etc. La situación actual a nivel mundial, necesita urgentemente esfuerzos extremos en la solución de conflictos. Es el diálogo fluido, respetuoso y sincero el que proporcionará las bases para solucionar los conflictos y llegar a los acuerdos que sean pertinentes, para poder seguir avanzando hacia una sociedad donde sea más fácil vivir y desarrollarse.

La comunicación no violenta

Existe una manera de comunicar que nos permite resolver nuestras diferencias sin tener que recorrer a la violencia. Esta forma no violenta de comunicación se sostiene en dos grandes principios: El primero se refiere a no emitir juicios sobre ninguna situación, sino ser objetivo y preciso en el mensaje, eliminando posibles críticas que puedan fomentar en el receptoR de mi mensaje una reacción a la defensiva. El segundo principio tiene que ver con no emitir juicios sobre la otra persona, intentando comunicar desde el corazón, desde los sentimientos y las emociones, en lugar de hacerlo solamente desde el pensamiento. Esto nos va a permitir empatizar con las emociones y sentimientos de la otra persona. Se trata, en definitiva, de una forma de comunicación compasiva y asertiva.

La cultura de paz y de no violencia contempla, además del diálogo persuasivo, otras acciones no violentas para la gestión de los conflictos, como por ejemplo, las ocupaciones pacíficas de los espacios públicos, la no cooperación, la protesta en forma de marchas o manifestaciones, etc.

La educación en la no violencia

Creo firmemente en la necesidad de educar a los niños y niñas, ya desde edades bien tempranas, en la gestión de las emociones y en la resolución de problemas y conflictos de manera no violenta. Está en nuestras manos el empoderar a nuestros pequeños para que se conviertan en personas más hábiles y más creativas a la hora de hacer frente a sus conflictos y para dotarles de una mayor capacidad de autocrítica, cooperación y empatía. Sólo de esta forma, conseguirán crear un mundo sostenible y donde los derechos humanos sean el primer plato de todas y cada una de las mesas.

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