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 ¿Qué es el Bullying?

El bullying es el maltrato físico o psicológico (burlas, agresiones físicas, amenazas, aislamiento, etc.) que puede sufrir un niño por parte de sus compañeros, de forma deliberada y continuado en el tiempo.

Cada vez con más asiduidad se producen casos de abusos entre niños y adolescentes de su propio entorno. Si bien es cierto que las burlas y las mofas entre ellos han existido siempre, actualmente los chicos son más vulnerables a estos hechos ya que disponen, por un lado de menos habilidades sociales para hacerles frente y por otro lado de un mayor y más rápido acceso a las redes sociales gracias a las nuevas tecnologías (ciberacoso), cosa que amplia el radio de acción del acoso, la cantidad de personas implicadas en él y, por lo tanto, el daño que se pueda ocasionar. Este asunto ha creado y está creando una gran repercusión en la sociedad.

Un problema de salud pública con consecuencias a largo plazo

Un menor que ha sufrido bullying va a tener, con toda probabilidad, consecuencias psicológicas graves si no conseguimos ayudarle a tiempo. Por ello se trata de un problema de salud pública. Según concluyen algunos estudios recientes, las víctimas de violencia infantil sufren el doble de riesgo de suicidio entre los 12 los 26 años.

Como adultos implicados en la formación y educación de los niños, no podemos negar nuestra responsabilidad en el tema del acoso escolar, ni mirar hacia otro lado. Cualquiera de nosotros (familia, profesor, pediatra, educador, vecino…) puede ser testigo de una situación de este tipo, tener un hijo/a al que sus compañeros están haciendo la vida imposible, o tener una hijo/a que está haciéndole bullying a otro niño.

El acoso puede tener lugar en la escuela, en el camino de la escuela a casa o fuera del ámbito escolar (en el barrio, en las zonas de recreo o juegos...). Por lo tanto, entre todos tenemos la obligación ética y moral de poner remedio a esta situación para ayudar a nuestros pequeños a ser mejores personas que, a su vez, sean capaces de crear una sociedad mejor. No olvidemos que todo lo que ocurre en la infancia y la adolescencia condiciona la vida adulta.

Implantar soluciones a tiempo

Como sociedad, en el acoso escolar todos tenemos una gran responsabilidad de intervención, tanto con los alumnos que son víctimas de acoso como con los alumnos acosadores. Familias, educadores y personal en general de los centros educativos, formamos parte del entorno directo de los chicos y, por eso, tenemos que tomar cartas en el asunto y hacer frente al problema.

Todavía a día de hoy no todas las escuelas disponen de un dispositivo de prevención y atención de casos de bullying, a pesar de que están obligadas por la Ley 12/2009, de 10 de Julio de Educación (LEC). Todos los centros educativos deberían disponer de un plan y una comisión de convivencia que se encargue de realizar propuestas de resolución de conflictos en el ámbito de la escuela.

Es hora de intervenir mediante la creación de programas y proyectos adecuados a la idiosincrasia de cada centro para dar respuesta a este problema, desde una perspectiva participativa, respetuosa con la diversidad y cooperativa e involucrando en ellos a todo el entorno de los pequeños.

Estos programas deben tener en cuenta el respeto a la diversidad de raza, sexo, religión, e ideología y luchar contra el racismo, la homofobia, la xenofobia, etc. Deben fomentar en los alumnos sus habilidades sociales, su educación emocional, su empatía y su solidaridad (sobre todo con los más débiles).

En el ámbito escolar es necesario crear la confianza necesaria entre los alumnos y los docentes para que cualquier síntoma de acoso pueda ser detectado y atajado rápidamente. Es necesario crear programas preventivos y de intervención en los casos de acoso, de violencia o de conflictos escolares para los centros escolar. Los objetivos de estos programas deben ser: prevención y disminución de los posibles casos de acoso escolar, mejora del clima escolar, aprendizaje por parte de los alumnos de la resolución de conflictos de forma positiva y sin violencia y fortalecimiento de la participación y los vínculos de las familias con el centro.

No sabemos si existen soluciones únicas y definitivas, pero si sabemos que, en los centros donde se han implementado diferentes programas para mejorar la convivencia escolar, los casos de violencia han disminuido espectacularmente, el rendimiento escolar ha aumentado, la autoestima de los estudiantes ha mejorado, los alumnos se sienten parte integrante del centro y del proyecto y el fracaso escolar ha desaparecido. Algunos de estos proyectos que ya han sido implantados con éxito en algunos centros escolares son los programas de “Tutoría Entre Iguales”, “Alumnos Ayudantes”, “Programa Kiva”, “Programa Zero”, o el “Programa AVE” .

El objetivo de todas estas estrategias de resolución de conflictos en las escuelas es enseñar a los menores técnicas de autorregulación para enfrentarse a estos conflictos. Los chicos deben aprender a evaluar su comportamiento y tener en cuenta las opiniones de los demás previamente, para posteriormente actuar de forma ética a la hora de tomar sus propias decisiones. De esta manera conseguirán un modo de actuar responsable y respetuoso con las personas y con su entorno y madurar en el camino hacia la construcción de una cultura de paz

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