TERAPIA DE RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS


LA COTIDIANIDAD ESTÁ LLENA DE PROBLEMAS


Todas las personas nos encontramos con dificultades en nuestro día a día: problemas familiares, de pareja, en el trabajo, con alguna amistad, problemas de salud, económicos…


Algunas veces nos cuesta tomar decisiones ante esas dificultades, o no sabemos por dónde empezar o no encontramos todas las soluciones posibles. También puede ocurrir que nos quedemos dando vueltas al problema una y otra vez, sin llegar a pasar a la acción. Lo cierto es que hay muchos motivos por los cuales las personas, a veces, no tomamos decisiones.


Cuando una dificultad permanece sin resolver durante mucho tiempo, puede generar preocupación, estrés y malestar emocional. El problema sigue ahí, ocupando espacio en nuestra mente y, en ocasiones, adquiriendo unas dimensiones mucho mayores de las que tenía inicialmente.


La terapia de resolución de problemas (TRP) nos ayuda a afrontar estas situaciones de una manera más organizada y eficaz.




OBJETIVOS DE LA TERAPIA DE RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS (TRP)


La terapia de resolución de problemas (TRP) pretende:


  • Aprender a identificar y definir con claridad los problemas que están generando malestar.
  • Diferenciar aquello que podemos cambiar de aquello que no depende directamente de nosotr@s.
  • Aprender una estrategia práctica para generar y valorar diferentes alternativas de solución.
  • Conocer y potenciar nuestros propios recursos para afrontar situaciones complicadas.
  • Pasar de la preocupación y el bloqueo a la búsqueda activa de soluciones cuando sea posible.




FASES DE LA TRP


Las fases básicas de la TRP son:


  1. Definir el problema: cuanto más concreto y realista sea el problema que queremos abordar, más fácil será buscar una solución. ¡Si tenemos un problema bien definido, ya tenemos una parte importante del trabajo hecho!
  2. Generar soluciones alternativas: hacemos una lluvia de ideas buscando variedad y cantidad, sin juzgar en esta fase si las alternativas son buenas, malas, posibles o difíciles de llevar a cabo.
  3. Tomar decisiones: evaluamos y comparamos las diferentes alternativas, teniendo en cuenta sus ventajas e inconvenientes, así como las consecuencias que puede tener cada una. Después, escogemos la alternativa o alternativas que consideremos más adecuadas.
  4. Poner en práctica la solución: llevamos a cabo lo que hemos decidido y observamos qué ocurre. Si la solución no funciona como esperábamos, podemos revisar el proceso y buscar una alternativa diferente. Resolver problemas también implica aprender de lo que sucede.


La terapia de resolución de problemas no pretende que nuestra vida quede libre de dificultades —algo que, sencillamente, no es posible—, sino que podamos afrontarlas con más claridad, flexibilidad y recursos.


Si quieres aprender a potenciar tus herramientas para afrontar y resolver problemas, puedes contactar conmigo y ¡nos ponemos a ello!

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