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Las violencias contra las mujeres

A día de hoy, todavía existen muchas violencias contra la mujer. Es cierto que se ha ido avanzando poco a poco en este terreno, pero queda mucho por hacer. Acabar definitivamente con la violencia de género significa educar desde la infancia, crear políticas eficaces contra la discriminación y también usar un lenguaje no sexista que represente a las mujeres de igual manera que a los hombres, un lenguaje inclusivo con el que todas las personas se sientan identificadas.

El lenguaje sexista

El lenguaje y sus diferencias entre individuos y entre grupos ha sido objeto de estudio de disciplinas como la Psicología Diferencial. Etnólogos, lingüistas y antropólogos se interesan por el estudio de la diferencia sexual en las lenguas. Es un debate que genera todavía muchas diferencias y disputas, pero, por lo menos, es un debate existente. Tengamos en cuenta que hasta hace bien poco tiempo, nadie se replanteaba el statu quo de la cuestión lingüística.

En los orígenes del estudio de les diferencias de lenguaje entre sexos, las conclusiones eran totalmente discriminatorias contra las mujeres, ya que se aseguraba que su lenguaje era ilógico, conservador y poco innovador, entre otros calificativos despectivos. Ello era debido a que la mujer se consideraba un ser de categoría inferior a la de los hombres.

Podemos encontrar a lo largo de la historia del estudio del lenguaje, diferentes creencias que valoraban negativamente el lenguaje femenino, en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Se creía que las mujeres no eran suficientemente inteligentes o locuaces como para tener alguna cosa interesante a expresar, hasta tal punto que la palabra bavardage (charlatanería) es juzgada como femenina en la mayor parte de Europa. Sirva como muestra una frase del escritor Oscar Wilde: “Las mujeres son un sexo decorativo. Ellas no tienen nunca algo que decir, pero lo dicen de forma encantadora”.

 Históricamente han existido palabras o expresiones tabú que las mujeres “no debían pronunciar” y que generalmente estaban relacionadas con aspectos de la sexualidad y la procreación (menstruación, parir, preservativo, culo, etc.). En cambio se les otorgaba un lenguaje más cercano a la vida familiar y al cuidado de los niños, hecho que denotaba el rol social de la mujer como “ama de casa”.

Las diferencias entre clases sociales respecto al género, no quedaban exentas de polémica por lo que respecta al lenguaje: en las clases sociales obreras el lenguaje no estandarizado que se empleaba tenía unas connotaciones viriles que los hombres utilizaban a modo de solidaridad o camaradería entre ellos, relegando el lenguaje más correcto o propio de la clase media, al terreno de la feminidad.

Afortunadamente, con a liberación femenina y su incorporación al mundo laboral, la barrera lingüística diferenciadora entre géneros y los antiguos roles, hicieron un giro radical, al menos por lo que respecta al mundo occidental. Por ejemplo, hoy en día no se considera malsonante que las mujeres puedan utilizar el mismo vocabulario que utilizan los hombres. Además, en materia de educación, se están poniendo los medios para que todas las niñas y los niños, tengan las mismas oportunidades para prepararse, independientemente de cual sea su género.

Otra cosa muy diferente es la situación existente en algunos países donde las mujeres todavía son consideradas un ser inferior y este hecho las priva del uso del lenguaje y de la educación correspondiente y, por tanto, de los medios necesarios para equipararse a sus compañeros masculinos en todos los aspectos de la vida.

Feminizar el lenguaje ¿es la solución?

Cada día más, es frecuente oír a una persona feminizando el lenguaje y utilizando frases como por ejemplo “todas debemos cambiar nuestra manera de hablar de unas y otras”. Aunque esta cuestión también genera cierta polémica y rechazo en algunas personas por considerar que se visualiza, todavía más si cabe, la discriminación hacia las mujeres.

Quizás no sea necesario feminizar el lenguaje, pero si es importante ser conscientes de nuestra forma de expresarnos para que ésta sea inclusiva y respetuosa con todas las personas.

Aunque queda mucho camino y, el lenguaje sólo es una vía, nuestros pasos nos conducen a acabar con la discriminación de género. ¡Sigamos atentas!

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